El (tercera persona del singular)

El llama a la credulidad, o debería hacerlo: para que pueda crecer
sin cadenas en las piernas, para darme una oportunidad, para entreabrir mis piernas y ver más lejos, más nítido, mejor.
El anula el miedo implícito en mis cálculos.
El salta todas las tapias, me pinta de colores vistosos simulando un paisaje transformándome en una foto, alta y profunda.
El me transforma en lo que ya debería ser, corregido y aumentado,
esto es: entrevisto o soñado.
El es mi profecía, que se cumple al enunciarlo, alabo lo que afirma
cuando embiste mi descanso.
El desfigura mis límites, los vuelve naturales.
El se niega a discernir:
nada nos une y todo nos confunde. Sólo Amándonos, nos aliamos...carne, sexo y lágrimas.
El soy yo mismo cuando me autosugestiono y nos veo tal como somos, seremos o deberíamos ser.
Por eso utilizo la tercera persona al hablar de nosotros: la quimera
de ser empieza por uno mismo y desemboca en la planta de sus pies.








ser_anonimo dijo
Senza fine, tu sei un attimo senza fine...
2 Enero 2008 | 12:26 PM